Estrategias de intervención - Proyecto institucional de innovación y estrategias de intervención

Implementar un PI es poner en marcha un proceso de intervención organizacional, entendido como un conjunto de acciones específicamente definidas, a partir de un sustrato conceptual y estratégico, para operar sobre la realidad con el propósito de mejorarla. Ello requiere tener presente las siguientes dimensiones.

Su naturaleza intencional que se expresa en:

  • la direccionalidad: hacia donde se quiere ir, el para qué que contiene juicios de valor y tiene que ver con el alcance;
  • la viabilidad: la confrontación entre lo que se quiere y lo que se puede hacer, el cómo será el tránsito desde la situación de partida al futuro deseado. No es algo dado desde el inicio, se va construyendo mediante estrategias de cooperación pero también de conflicto que hay que ir manejando y resolviendo;
  • la operacionalidad: la relación entre lo que se ha conceptualizando y los instrumentos y estrategias que se utilizarán en la práctica, refiere al qué se desea producir en concreto, dando cuenta la realidad a la que se quiere llegar pero considerando además su implementación y posterior gestión.

Los niveles o ámbitos de actuación. Existen diversas categorizaciones pero las más extendidas identifican:

  • la macro estructura organizacional y los objetivos y políticas que la sustentan;
  • los procesos de trabajo que se dan en su interior para desarrollar su producto;
  • la gestión de los recursos humanos que realizan los procesos;
  • la población destinataria o clientela.

No se trata de niveles excluyentes. Por el contrario cuando se quiere lograr una verdadera transformación es aconsejable el abordaje simultáneo.

Las etapas del proceso de intervención:

  • diagnóstica: da cuenta de la realidad de partida y se precisan los objetivos. Es bien importante tener presente la diferencia entre los síntomas de una situación y las causas de la misma. Muchas veces no es fácil hacer esta distinción porque los fenómenos sociales se encadenan en múltiples interacciones y no se presentan de manera lineal. En el ámbito del género, la formación profesional y el trabajo, un ejemplo bien evidente de este riesgo es el análisis numérico de la participación: las mujeres tienen una participación igualitaria o incluso pueden ser mayoría en la matrícula institucional y la conclusión podría ser entonces que no hay desigualdad;
  • normativa: se define y modela la situación organizacional futura a la que se desea llegar. Contiene los lineamientos y criterios que orientarán la intervención pero también las líneas de acción que se implementarán para llegar al futuro deseado;
  • estratégica: se definen los caminos para llegar de un punto al otro. Es el momento de la articulación entre el debe y el puede ser. Aquí la preocupación es la viabilidad y la consideración de las resistencias, de la actitud ante el cambio de los actores;
  • táctica operacional o transformadora: se construye la nueva realidad organizacional. La teoría se transforma en acción y si se fracasa aquí, por mejor que haya sido el diseño, la estrategia de intervención fallará. Y a la inversa, una buena implementación compensará las debilidades del diseño. Esta etapa también es determinante para el cambio en la actitud de los actores.

Estos momentos se vinculan tan estrechamente que constituyen un proceso continuo, interactivo y necesariamente participativo. En un escenario incierto, con alto riesgo de obsolescencia, multiactoral, que requiere y moviliza diversos tipos de recursos - como es el de la formación para el trabajo actual- el aprendizaje en la marcha, la flexibilidad, la replanificación y la participación son imprescindibles.