La brecha de habilidades en América Latina. Desencuentros y hallazgos

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La coincidencia entre la oferta y la demanda ha sido uno de los problemas favoritos de la microeconomía a lo largo del tiempo.   En el mercado de trabajo esta coincidencia (o la falta de ella) determina no solo la tasa de desempleo sino que afecta otras variables claves como los salarios, el nivel de productividad y en general la competitividad y el desarrollo. 

Que existe una brecha entre oferta y demanda laboral ya no es una novedad en la región.  Ciertamente hace años escuchamos del “apagón de mano de obra” en Brasil y crecientemente se dispone de encuestas que muestran la dificultad de los empleadores para llenar las vacantes. 

El estudio de los distintos tipos de brecha nos muestra que en algunos casos se peca por exceso en la economía y se registran niveles de sobre calificación, en otros simplemente no coinciden la estructura de habilidades de la oferta con las que requiere la demanda, más recientemente se empieza a discutir la brecha por falta de habilidades en el mercado, más aún cuando los cambios en los perfiles están originando nuevos empleos para los cuales no existe oferta.  

OIT/Cinterfor acaba de elaborar un documento sobre el tema titulado “La brecha de habilidades para el trabajo en América Latina: Revisión y análisis en la región” que muestra los innegables avances de la educación por lo menos en cobertura en una región donde uno de cada cuatro habitantes es menor de 30 años.  No obstante los logros educativos no parecen estar en total sintonía con el mercado, casi uno de cada tres empleadores manifiestan tener problemas para llenar las vacantes.  

La productividad en la región ha crecido menos en los últimos 10 años que en economías como Corea, India o China y se mantiene con una alta heterogeneidad y estancada en niveles de hace 30 años. El sector terciario concentra la mayoría de trabajadores urbanos, y continúa el decrecimiento del aporte de la industria al producto bruto, por lo que muchos países han iniciado la formulación de políticas de desarrollo productivo. 

Más educación no ha significado estrictamente mayores niveles de productividad y al parecer tampoco ha incidido en desarrollar estructuras productivas más sofisticadas. Las empresas más productivas son las más grandes y estás son las menos en el tejido industrial, por oposición la mayoría de PYMES no exhiben niveles altos de productividad.  

Dejamos al lector en compañía de este documento para que conozca y complemente sus conclusiones. En suma estamos ante un desafío para los sistemas de educación y formación profesional que son llamados a cumplir con calidad, pertinencia y equidad con las nuevas demandas de estos empleos actuales y anticipar como no, los del Siglo XXI. 

 

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